“El viejo y el Mar” es un libro sencillo. no pretende ser más que el reflejo de un anciano que ha vivido toda su vida a merced de un mar al que le debe todo. Su pasión por el mar, por su trabajo, por los sinsabores y las alegrías que el mar le ha proporcionado y aú sigue haciéndolo, son reflejados de manera increíble por la pluma de este singular escritor, apasionado de una vida alejada de lo común. Eso es parte de lo que transmite Hemingway en esta obra que se ha convertido en un clásico del siglo XX.
A continuación se reproduce dos parrafos de la afamado novela de Hemingway, escrita en 1951 y publicada al año siguiente.
Era un viejo que pescaba solo en un bote en el Gulf Stream y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez. En los primeros cuarenta días había tenido consigo a un muchacho. Pero después de cuarenta días sin haber pescado los padres del muchacho le habían dicho que el viejo estaba definitiva y rematadamente salado, lo cual era la peor forma de la mala suerte, y por orden de sus padres el muchacho había salido en otro bote que cogió tres buenos peces la primera semana. Entristecía al muchacho ver al viejo regresar todos los días con su bote vacío, y siempre bajaba a ayudarle a cargar los rollos de sedal o el bichero y el arpón y la vela arrollada al mástil. La vela estaba remendada con sacos de harina y, arrollada, parecía una bandera en permanente derrota.
El viejo era flaco y desgarbado, con arrugas profundas en la parte posterior del cuello. Las pardas manchas del benigno cáncer de la piel que el sol produce con sus reflejos en el mar tropical estaban en sus mejillas. Esas pecas corrían por los lados de su cara hasta bastante abajo y sus manos tenían las hondas cicatrices que causa la manipulación de las cuerdas cuando sujetan los grandes peces. Pero ninguna de estas cicatrices era reciente. Eran tan viejas como las erosiones de un árido desierto.
Todo en él era viejo, salvo sus ojos; y estos tenían el color mismo del mar y eran alegres e invictos.